A la medianoche, la colonia entera se quedó a oscuras y mi esposo desapareció sin dejar rastro. Grité golpeando cada puerta, suplicando por ayuda, sin saber que el silencio sepulcral de mis vecinos y sus miradas vacías escondían una verdad aterradora: todos ellos se habían reunido en secreto y votaron para borrarlo de este mundo.
CAPÍTULO 1 El apagón no fue un accidente. La oscuridad que devoró nuestra calle a la medianoche exacta fue el…